Señores: Griten, pataleen y quéjense todo lo que puedan

Por Noelia Moreno.

Desde hace ya varios años, parece que estamos asistiendo a una rebelión popular del consumidor ante aquellas empresas productoras y de servicios cuando no cumplen con las expectativas que deliberadamente nos trasladan, dejándonos huérfanos de solución, respuesta o compensación alguna por el fiasco ofrecido. Todos conocemos a alguien, familiar, amigo, conocido o incluso nosotros mismos, que hayamos vivido una situación de abuso parecida.

Sin embargo, parece que el viento cambia de dirección, y que aquel consumidor impotente, sin más derecho que el del pataleo, se ha organizado y buscado la forma de plantar cara a estos abusos para evitar volver nunca más a sentirse estafado e indefenso cuando trata con los grandes gigantes comerciales que dan la sensación de poder aplastarnos con un leve movimiento de su dedo meñique.

Actualmente, existen infinidad de armas que utilizar en nuestra defensa y, si bien podrían a simple vista parecer inofensivas, no deben dejarse engañar, ya que su fuerza no está en el arma empleada en si, sino en la masa que la maneja. Cada vez más, comprobamos que el movimiento masivo de gente en una misma dirección, puede provocar incomodidad y molestias suficientes hasta acabar provocando cambios que realmente nos restituyan el equilibrio perdido.

Las redes sociales se han esgrimido en el mayor baluarte de esta masa, que ha dejado de ser silenciosa gracias a la unidad de todas sus voces y de la que ya conocemos que, en no pocas ocasiones, esa presión social ha provocado y forzado la resolución de conflictos que a priori parecían inalcanzables.

Pero no sólo las redes sociales utilizan toda su fuerza. Cada vez más, nuestro sistema judicial, que antaño también parecía más alejado de la realidad y centrado únicamente en la aplicación estricta de un ordenamiento (por otro lado, totalmente arcaico en nuestro país) en el que, careciendo de toda prueba, no había demasiado que hacer, están dando un vuelco en la resolución de estos conflictos, aparcando el estricto sistema de enjuiciamiento, en pos de un proceso más verbalizado y cercano en el que exponer las situaciones vividas y poder explicar al juez las innumerables quejas telefónicas que realizamos, el número de incidencia que nos indicaron y nunca sirvió de nada porque no nos facilitaron un triste documento donde quedara constancia, hablar de nuestro descontento e insatisfacción con el servicio o producto recibido, etc.

Y ahí, señores, en el cara a cara, es donde el simple ciudadano adquiere su poder. Las compañías normalmente se limitan a enviar a abogados que nada conocen del caso concreto que litigan (no se crean que documentan lo sucedido para posteriormente ayudarles en su propia defensa, ¡nada más lejos de la realidad!), sino que normalmente acuden con la única ayuda de unas facturas impagadas o un contrato firmado, y esperan el favor de la justicia sin más.

El consumidor, en cambio, expone su situación: Narra no sólo lo sucedido, sino las molestias que le causó, la impotencia sentida y la frustración por la falta de resolución, y si además es capaz de hacerlo con un mínimo de coherencia y sentido común, desarma por completo a la empresa que, de tan alejada que estaba, ni se entera de lo sucedido.

Por eso, señores, se acabaron las excusas para el sentimiento de indefensión y la inactividad. Griten, pataleen y quéjense todo lo que puedan, porque los altavoces, ahora ya, están a su alcance.

 

Noelia Moreno Asensio
Abogada especializada en Derecho civil y penal.
www.noeliamoreno-adv.es

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